El Icono de la Natividad del Señor (2ª Parte).

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO:
EL QUE TENGA DOS TÚNICAS…”

En el Evan­ge­lio de hoy, el pue­blo se pre­gun­ta­ba si Juan el Bau­tis­ta no sería el Mesías que esta­ban espe­ran­do. Juan tie­ne muy cla­ro que esto no es así, él sim­ple­men­te es el “pre­cur­sor”, el que vie­ne por delan­te anun­cian­do y pre­pa­ran­do el camino del que vie­ne tras él: “Vie­ne el que pue­de más que yo” (Lc 3,16). La fun­ción de san Juan Bau­tis­ta, por tan­to, es ayu­dar a su pue­blo a reco­no­cer al Mesías, pero ¿quién reco­no­ció real­men­te a Jesús?, ¿quién es capaz de reco­no­cer­le hoy?
2012-12-15 18.38.34
● El Buey y la Mula
Mucho se ha habla­do últi­ma­men­te de estas dos figu­ras, a raíz de la inter­pre­ta­ción com­ple­ta­men­te erró­nea que algún perio­dis­ta ha hecho al comen­ta­rio al res­pec­to de Bene­dic­to XVI, en su últi­mo libro.
El naci­mien­to de Cris­to pudo tener lugar en un esta­blo, ya que, según Lucas, María acues­ta al niño en un pese­bre, por­que como tam­bién él nos dice: “No habían encon­tra­do sitio en la posa­da” (Lucas 2,6). En la región en torno a Belén se usan des­de siem­pre gru­tas como esta­blo, por lo que no es de extra­ñar que hubie­ra ani­ma­les cer­ca, pues el pese­bre es el lugar de don­de comen.
Des­de la anti­güe­dad (siglo IV) se repre­sen­ta al Niño Jesús rodea­do de dos ani­ma­les mis­te­rio­sos: el asno y el buey. ¿Qué sig­ni­fi­ca­do tie­ne esta representación?
Los Cua­tro Evan­ge­lios no dicen nada del buey y la mula, aun­que sí el evan­ge­lio apó­cri­fo del Pseu­do Mateo: “Tres días des­pués de nacer el Señor, salió María de la gru­ta y se apo­sen­tó en un esta­blo. Allí recli­nó al niño en un pese­bre, y el buey y el asno le ado­ra­ron. […] Y has­ta los mis­mos ani­ma­les entre los que se encon­tra­ba, le ado­ra­ban sin cesar.” (Ps Mt 14)

Si recor­da­mos la expli­ca­ción del sig­ni­fi­ca­do de la cue­va oscu­ra, y la com­pa­ra­ción que hacía­mos con el agu­je­ro oscu­ro de los infier­nos en el icono de la Resu­rrec­ción, podre­mos ver nue­va­men­te (aho­ra en este rela­to apó­cri­fo) a Jesús salien­do de los infier­nos al ter­cer día.
buey
Jesús no es reco­no­ci­do por los suyos en el momen­to de nacer, y sin embar­go aque­llos ani­ma­les apa­re­cen calen­tán­do­le con su alien­to, repre­sen­tan­do aque­llo que Isaías había pre­di­cho al comien­zo de su libro hacía mucho tiem­po: “Cono­ce el buey a su amo, y el asno el pese­bre de su due­ño; pero Israel no me cono­ce, mi pue­blo no reca­pa­ci­ta.” (Isaías 1,3).
Esta refe­ren­cia al pro­fe­ta Isaías tam­bién apa­re­ce cita­da por el pro­pio Pseu­do Mateo, reco­no­cien­do así el cum­pli­mien­to de sus pala­bras; así como las del pro­fe­ta Haba­cuc (en la ver­sión grie­ga): ”Te darás a cono­cer en medio de dos ani­ma­les”. (Haba­cuc 3,2)
Esta inca­pa­ci­dad del pue­blo judío de reco­no­cer a Jesús como el Mesías que esta­ban espe­ran­do, tie­ne una corres­pon­den­cia en las pro­pias pala­bras de Jesús, cuan­do reco­no­ce mayor fe en un cen­tu­rión pagano que en todo el pue­blo de Israel: “Os lo ase­gu­ro, una fe seme­jan­te no la he encon­tra­do en nin­gún israe­li­ta. Os digo que muchos ven­drán de orien­te y occi­den­te y se sen­ta­rán con Abrahán, Isaac y Jacob en el rei­no de Dios. Mien­tras que los ciu­da­da­nos del rei­no serán expul­sa­dos a las tinie­blas de fue­ra. (Mateo 8, 10–12)
En la tra­di­ción de la Igle­sia, los San­tos Padres han vis­to en estos ani­ma­les una mani­fes­ta­ción sim­bó­li­ca. El asno que lle­va el peso, la car­ga, repre­sen­ta a los gen­ti­les que lle­van la car­ga de sus peca­dos; Jesús ha veni­do a libe­rar­nos de esa car­ga. El buey que tra­ba­ja, unci­do con el yugo, repre­sen­ta a los judíos que esta­ban bajo el yugo de la ley; Jesús los va a libe­rar de ese yugo. “Acu­did a mí, los que andáis can­sa­dos y ago­bia­dos, y yo os ali­via­ré. Car­gad con mi yugo y apren­ded de mí, que soy tole­ran­te y humil­de de cora­zón, y os sen­ti­réis ali­via­dos. Por­que mi yugo es blan­do y mi car­ga es lige­ra.” (Mt 11, 28–30)
mula
Bene­dic­to XVI, ve en esta repre­sen­ta­ción del buey y la mula “una repre­sen­ta­ción de la huma­ni­dad, de por sí des­pro­vis­ta de enten­di­mien­to, pero que ante el Niño, ante la humil­de apa­ri­ción de Dios en el esta­blo, lle­ga al cono­ci­mien­to y, en la pobre­za de este naci­mien­to, reci­be la epi­fa­nía (mani­fes­ta­ción de Dios), que aho­ra ense­ña a todos a ver. La ico­no­gra­fía cris­tia­na ha cap­ta­do ya muy pron­to este moti­vo. Nin­gu­na repre­sen­ta­ción del naci­mien­to renun­cia­rá al buey y al asno.”
No obs­tan­te, este entra­ña­ble retra­to ico­no­grá­fi­co del naci­mien­to de Cris­to, ador­na­do con estos dos ani­ma­les, no care­ce de impli­ca­cio­nes radi­cal­men­te socia­les. Quien aco­ge a todos no fue acogido.
Juan Bau­tis­ta nos lo anun­cia en el Evan­ge­lio de hoy para que sea­mos capa­ces de reco­no­cer­le y de aco­ger­le. ¿Cómo?, ¿de qué mane­ra? Tam­bién nos lo dice “El que ten­ga dos túni­cas, que las repar­ta con el que no tie­ne; y el que ten­ga comi­da, haga lo mis­mo” (Lucas 3,11).
Recor­de­mos la pará­bo­la del pro­pio Jesús: “Señor, ¿cuán­do te vimos ham­brien­to y te ali­men­ta­mos, sedien­to y te dimos de beber, inmi­gran­te y te reci­bi­mos, des­nu­do y te ves­ti­mos? ¿Cuán­do te vimos enfer­mo o encar­ce­la­do y fui­mos a visi­tar­te? El rey les con­tes­ta­rá: Os ase­gu­ro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis her­ma­nos meno­res, a mí me lo hicis­teis.” (Mateo 25, 37–40)
Si damos la espal­da a los que care­cen de refu­gio y a quie­nes no tie­nen cubier­tas las nece­si­da­des de la vida, ter­mi­na­re­mos úni­ca­men­te con ideas y esló­ga­nes y per­di­dos en la cue­va sin estre­llas del icono.

Escri­to por José María Ovie­do Valencia

También te podría gustar...

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.