El Icono de la Natividad del Señor (7ª Parte)

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR”:

2013-01-06 11.44.48 WEB

• Los Magos de Oriente
En la par­te izquier­da del Icono, los tres Magos de Orien­te apa­re­cen siguien­do la indi­ca­ción de la estre­lla, tal y como lo des­cri­be el Evan­ge­lio de San Mateo. Pero en los pri­me­ros evan­ge­lios apó­cri­fos, estos per­so­na­jes son sus­ti­tui­dos por tres reyes per­sas, por lo que en algu­nos ico­nos apa­re­cen ves­ti­dos como reyes per­sas a gru­pa de caba­llos lige­ros, con ves­ti­dos orien­ta­les. Son los sabios que aco­gen al Sabio, los reyes que aco­gen al Rey, los gen­ti­les ‑el mun­do externo al judaís­mo- que repre­sen­tan la mul­ti­tud de las gen­tes para quie­nes el Mesías será el Sal­va­dor uni­ver­sal. Los san­tos y jus­tos, aun­que no sean de Israel, son gra­tos a Dios y Cris­to extien­de su elec­ción y sal­va­ción a todos los pue­blos, repre­sen­ta­dos por los Magos. Los magos van a ado­rar al niño como los pri­me­ros de entre las nacio­nes que le cono­ce­rían después.

Como signo tam­bién de uni­ver­sa­li­dad, la tra­di­ción ico­no­grá­fi­ca ha trans­mi­ti­do una cons­tan­te de los Magos: la edad, repre­sen­tan­do un joven, un adul­to y un vie­jo, plas­man­do así las tres eda­des del hom­bre en un solo gol­pe visual.

A veces apa­re­cen en posi­ción de ado­ra­ción ofre­cien­do al niño: oro, incien­so y mirra; “Entra­ron en la casa, vie­ron al niño con su madre, María, y pos­trán­do­se le ado­ra­ron; abrie­ron sus teso­ros y le ofre­cie­ron como rega­los: oro, incien­so y mirra.” (Mateo 2,12); el oro, como rique­za, signo de su reale­za (tam­bién sim­bo­li­za­da a veces por las manos cubier­tas de los ánge­les y de los pro­pios reyes cuan­do apa­re­cen ado­rán­do­le); el incien­so, para ado­rar, signo de su divi­ni­dad; y la mirra, para embal­sa­mar, signo de su Pasión.

Tra­di­cio­nal­men­te, los Magos pre­fi­gu­ran a las miró­fo­ras (las muje­res por­ta­do­ras de mirra) que van al sepulÁngel Reyes con coronacro de Jesús; ellas se ani­ma­ban dicien­do: “Apre­su­ré­mo­nos, ado­ré­mos­lo como los Magos y lle­vé­mos­le como pre­sen­te ungüen­tos a Aquél que ya no está envuel­to en paña­les sino en una mor­ta­ja” (Oda VI del Canon de los mai­ti­nes de la Resu­rrec­ción); y los Magos, a su vez, igual que las muje­res tras encon­trar­se con Jesús Resu­ci­ta­do, se con­vir­tie­ron en “divi­nos heral­dos que al vol­ver a su tie­rra anun­cia­ron a Cris­to a todos” (Himno Akathistos).

Epifanía del Señor2 En el icono, los magos apa­re­cer subien­do la mon­ta­ña. Su subi­da des­de Orien­te has­ta lo alto, hacia las estre­llas, es la ima­gen del esfuer­zo humano que tra­ta de pene­trar los mis­te­rios de Dios. Dios está en alto, sim­bo­li­za­do por los ánge­les –tes­ti­gos de la pre­sen­cia de Dios- que están en la par­te de arri­ba, pero en la “6ª Par­te” veía­mos cómo uno de los ánge­les se vuel­ve y se incli­na hacia los pas­to­res, comu­ni­can­do la inuti­li­dad de esfor­zar­se en subir al mon­te, pues ha lle­ga­do la hora en que Dios mis­mo des­cien­de de lo alto como Buen Pas­tor a reu­nir a su reba­ño. “Epi­fa­nía” sig­ni­fi­ca “mani­fes­ta­ción”, hoy Dios se nos ha dado a cono­cer en nues­tra pro­pia huma­ni­dad, por tan­to, para reco­no­cer­lo no nos que­de­mos miran­do al cielo.

 

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